Experimental – archivos. 3´25´´ color – sonido. Colombia. 2016

El cine o el ojo que de súbito alumbra el mundo con poderosos chorros de luz, la idea progresiva que se dibuja en la sombra, el riguroso encadenado que juega con el doble sentido de imágenes habituales, adiestradas por el sistema de reproducción hembra -macho. Desde la perspectiva de los conocimientos prohibidos su sombra detecta fragmentos de archivos que en otro contexto pueden ser considerados pornográficos pero ahora se convierte en el material para echar ese vistazo imposible a la historia negada, oculta, fracasada. Vagas señales intentan cerrar un circulo de corrupciones y decadencias. Siente marchitar su cabeza de los poderes heredados, expuesta a las radiaciones de la paranoia nuclear. El orgullo creador, el cinismo evidente, la tranquila evasiva, sentir que la vida es esto y no otra cosa, giran en el torbellino demencial de la paz judeo-cristiana. Bultos de pálidas caras que no disimulan su solitaria avidez, aguardan al final de pasajes sin salida con la frase irónica que luce desteñida en sus labios abrasados y sonrientes.  La fácil historia que define un tipo o protagonista como ensayo de la confusión autoral, la derrota crónica de las palabras reducidas a cementerios de rigurosas visiones. Brotan rumores de voces como hongos que envenenan los lugares que invaden.

Edición, montaje, corrección de color, postproducción general y finalización: Carlos Armando Castillo. Archivo: Araña de Jose Alonso Rubio, 200 de Vince Collins, The lost woman from national archives and records administration Steven Spilberg and video archive, así como fragmentos de una película mexicana o italiana de nunsplotation cuyo titulo y autores me resultan desconocidos. Interviniendo las piezas musicales: The inexplicable de Yuri Morozov, Trip throungh the milky way de Raymond Moore y Witch hammer de Leonardo Mora.

***

Me refería por supuesto a estos bruscos
destinos que a pesar
de su desesperación necesitan
conocer por anticipado el final.
Conocer a dónde llegaremos antes de empezar
se constituye en una de las grandes falacias
de los escritores contemporáneos.
La nueva tradición exige madurez de pensamiento,
el ímpetu de la juventud morbosa y expectante.
No estoy seguro para donde voy.
Como le he expresado con frecuencia,
creo que desde hace meses o años  vengo olvidando
mis originales pensamientos, a fuerza
de hundirme en el remolino sin fin de la re-escritura,
he hecho monstruosas divagaciones y
seguramente a veces me dejo llevar por la emoción
de los contenidos, ignorando hasta dónde estoy
dejando de lado la sustancia de la historia.
Pero que importa la historia.
Sospecho
desde hace tiempo
que este vano ejercicio
terminará por matarme.
CA