PALEMON EL ESTILITA de Pedro Alcántara Quijano

Palemon el Estilita de Pedro Alcántara Quijano

Sala permanente Museo de Arte del Tolima

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Enfuriado el Maligno Spiritu de la devota
e sancta vida que el dicho ermitanno facia,
entróle fuertemientre deseo de facerlo caer en
grande y carboniento peccado. Ca estos e non
otros son sus pensamientos e obras.
Apeles Mestres. –Garin

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Palemon el estilita(1) es una pieza de gran formato, realizada en 1914 por el bogotano Pedro Alcántara Quijano justo antes de su viaje a Europa. La pieza no aparece reseñada en las noticias biográficas consultadas, las cuales indican que el maestro se destacó fundamentalmente en temas históricos correspondientes a la formación de conciencia nacional, tales como la reyerta del 20 de julio o La Pola conducida al cadalso, entre otros. A partir de esta rápida pesquisa de imágenes y reseñas se puede especular que se trataría de una obra anómala dentro de su producción, cuyo momento de mayor actividad coincide con el centenario de la independencia y la consecuente circulación de contenidos relacionados con la fundación del mito nacional a principio del siglo XX y que tenemos oportunidad de reeditar en estas fechas actuales, en el marco de las celebraciones del bicentenario. Pedro Alcántara Quijano también se destacó como profesor de dibujo en diversos colegios de la capital, así como por su papel como escenógrafo del Teatro Colón. Palemon el Estilita es una obra que hace parte de las inamovibles en la sala permanente del Museo de Arte del Tolima (MAT) y la verdad es que nunca llamó mi atención y solo a la hora de realizar el ejercicio decidí profundizar en el tema allí presente; cada vez que pasaba por allí solía dedicarle una rápida mirada, repasaba aquel lienzo sin importarme mucho e incluso durante un tiempo me engañé pensando que se trataba de una escena en la que un misionero adoctrinaba un grupo de indígenas (¡!) sin reparar en la evidente ambientación orientalista del asunto, todo esto para decir que la obra me parecía y me sigue pareciendo monótona a más no poder.

La pola conducida al cadalso por Pedro Alcántara Quijano
La pola conducida al cadalso por Pedro Alcántara Quijano.

Se destaca eso si el enfrentamiento de la figura del santo a la derecha del cuadro y de la mujer ataviada de rojo a la izquierda. El santo mira a la mujer, la mujer nos mira a nosotros. Ambos se encuentran en primer plano; algunos presentes parecen expectantes por lo que va a decir el santo, otros llegan de lejos, más y más personajes, una turba llega en ese momento a recibir las enseñanzas, todos iguales, todos difusos en la profundidad de la tela y las palmeras como para ambientar, la atmósfera amarilla y seca, el santo con los brazos abiertos, la mujer se toca el cuello con la mano y con la otra se apoya en la cadera, el santo la mira, ella lo ignora, pero toda la tensión se desvanece: hay algo forzado en los gestos que el artista propone, hay algo que no termina de convencer.

Luego de rastrear un poco en la red encontré que Palemon el estilita  de Alcántara Quijano prácticamente no es mencionado, pero hay múltiples referencias a Palemon el estilita de su contemporáneo el poeta payanes y ultraconservador Guillermo Valencia, quién además de su extraordinario dote literario y agudo olfato político, encarnó un papel de señor feudal en el occidente colombiano, en una lucha sin cuartel en contra de los pueblos paeces del Cauca. Según María Mercedes Carranza: “Valencia fue su principal enemigo (de Manuel Quintín Lame). No contento con vejarlo y golpearlo públicamente, solicitó para él el destierro.” En plena guerra de los mil días y cuando Valencia era apenas un muchachito de veintitantos años se le localiza en Europa, específicamente en París, en dónde aparte de conocer a Dario y a Wilde se dedica a traficar con armas y pertrechos en apoyo de la causa conservadora: “en el curso de un mes –dice Alfredo Duarte French-, remitió 60.000 fúsiles y 9´000.000 de cartuchos. Los mismos que sirvieron para alimentar el fuego de la batalla de Rionegro, quizá en la que más se ha vertido sangre hermana.”(2)

Guillermo Valencia, escritor y político colombiano.
Guillermo Valencia, escritor y político colombiano.

Inmediatamente vino a mi cabeza la pregunta sobre el huevo y la gallina, en este caso, ¿qué fue primero? ¿Quién se inspiró en quién? ¿El pintor leyó al poeta y decidió llevar el asunto al lienzo o por el contrario  fue el  poeta quién  contempló la pintura y luego  se puso a  escribir? El problema es que según el rastreo biográfico ambos personajes vivieron en la misma época y no es raro que hallan coincidido en alguna tertulia bogotana a intercambiar pareceres artísticos o debatir asuntos políticos, la otra gran pasión de Valencia quién por fortuna para la historia del país se quedo con las ganas de ser presidente de la República, esto en vista de su talante radicalmente reaccionario. El asunto del huevo y la gallina no es menor pero es evidente que aquí no se podrá resolver la cuestión, la cual implicaría una investigación mucho más profunda y detallada sobre este cruce de obras: en este caso de cómo el poeta supo escribir lo que el pintor no vio o de como el pintor no comprendió el alcance temático propuesto por el escritor, cuyos versos de alguna contradicen la imagen un tanto penosa respecto a un caballero que es capaz de mandar a azotar un indígena o aparentemente dedicado al dandismo en París, pero que al mismo tiempo participa en tráfico de armas; Valencia podía ser ultraconservador, podía ser representante de los poderes feudales más anquilosados en una región como el Cauca, pero a la hora de escribir su Palemon logra plasmar con mucha fuerza el tema del deseo y la carne, casi que de una manera revolucionaria, como aquí se intentará mostrar.

Allí en donde el lienzo apenas se insinúa y se detiene en el problema de su ambigüedad, la obra literaria acude para aclarar los alcances del tema y plantea de hecho un tratamiento muy original al problema planteado, en un tono bastante alejado del hieratismo que se desprende de la obra de Alcántara. Por el contrario, luego de trazar hábilmente las circunstancias del personaje, la lucha, la resistencia en contra del demonio, luego de describir las muchedumbres que llegan ansiosas por un poco de fe, de repente Palemon, (expuesto ahora al deseo) comienza a rozar cierta comicidad que resulta un tanto perturbadora:

Y el buen monje la miraba / la miraba, / la miraba, /la miraba, / y, queriendo hablar, no hablaba, / y sentía su alma esclava / de la bella pecadora de mirada tentadora, / y un ardor nunca sentido / sus arterías encendía, / y un temblor desconocido / su figura / larga/ y flaca/ y amarilla / sacudía: / ¡era amor!

Palemon el estilita de Pedro Alcántara Quijano.
Palemon el estilita de Pedro Alcántara Quijano.

El Palemon de Valencia de repente siente un “alegre gusto por los seres y la vida”, la sensualidad lo desborda y decide marchar de su triste piedra en compañía de la bella cortesana, la seductora dama vestida de rojo, sin importarle lo más mínimo la mirada asombrada del rebaño reunido para escuchar la oración del santo. En el poema de Valencia el deseo vence la resistencia del hábito y esto de algún modo nos recuerda la intervención que hizo Luis Buñuel sobre este universo de anacoretas y estilitas en un mediometraje poco conocido llamado Simón del desierto, última película realizada por el español durante el periodo mexicano y que en realidad es un despojo de El monje, una historia mucho más ambiciosa escrita a cuatro manos junto a Jean Claude Carriere, que nunca pudo ser filmada puesto que uno de los productores, David O. Selnick, murió poco antes de la fecha prevista de inicio de rodaje, mientras el otro, Serge Silberman, se encontró en pleno tramite de divorcio lo que le apartó del proyecto.

El productor mexicano Gustavo Alatriste le propuso rodar a Buñuel una película de tema libre con la única condición que fuera protagonizada por su esposa Silvia Pinal, condición aceptada por Buñuel y quién aprovechó y adaptó el tratamiento de El monje para el nuevo guión. Sin embargo Alatriste se quedó sin dinero a mitad de la filmación y Buñuel tuvo que improvisar un final apresurado, por lo cual Simón del desierto se convirtió en la joya rara que hoy en día conocemos: un mediometraje de 47 minutos de duración y en donde se condensa de manera extravagante el universo de Buñuel, el constante coqueteo con el absurdo de una vida (la de Simón el estilita) subido a una torre en la mitad de la nada y rodeado de personajes igualmente absurdos e inolvidables, como el enano pastor de cabras interpretado por Jesús Fernández y quién interpreta un personaje muy parecido en otra película emblemática del director español y también realizada en México sobre la novela de Benito Pérez Galdós: Nazarin.

(1) Estilita, según la Real Academia Española: (Del gr. στυλίτης).1. adj. Dicho de un anacoreta: Que por mayor austeridad vivía sobre una columna. U. t. c. s.

(2) ALVARADO TENORIO, Harold.Guillermo Valencia 1873 – 1943”, Ajuste de cuentas, antología crítica de la poesía colombiana en: http://www.antologiacriticadelapoesiacolombiana.com/guillermo_valencia.html

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Silvia Pinal en el papel más extraño de su carrera.
Silvia Pinal en el papel más extraño de su carrera.

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Pedro Alcántara Quijano. Bogotá 1878 - Bogotá 1953 >> Palemon el estilita. 1914. Óleo sobre lienzo, colección Ortiz-Salazar. Sala Permanente Museo de Arte del Tolima.
Pedro Alcántara Quijano. Bogotá 1878 – Bogotá 1953 >> Palemon el estilita. 1914. Óleo sobre lienzo, colección Ortiz-Salazar. Sala Permanente Museo de Arte del Tolima.

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PALEMON EL ESTILITA

Por Guillermo Valencia

Enfuriado el Maligno Spiritu de la devota
e sancta vida que el dicho ermitanno facia,
entróle fuertemientre deseo de facerlo caer en
grande y carboniento peccado. Ca estos e non
otros son sus pensamientos e obras.
Apeles Mestres. -Garin

Palemón el Estilita, sucesor del viejo Antonio,
que burló con tanto ingenio las astucias del demonio,
antiquísima columna de granito
se ha buscado el desierto por mansión,
y en pie sobre la stela
ha pasado muchos días
inspirando a sus oyentes
el horror a los judíos
y el horror a las judías
que endiosaron ¡Dios del cielo!
que endiosaron a una hermosa
de la vida borrascosa,
que llamaban Herodías.

Palemón el Estilita «era un santo». Su retiro
circuían mercadantes de Lycoples y de Tiro,
judaizantes de apartadas sinagogas,
que anhelaban de sus labios escuchar
la palabra de consuelo,
la palabra de verdad
que nos salve del castigo,
y de par en par el Cielo
nos entregue; sólo abrigo
contra el pérfido enemigo
que nos busca sin cesar
y nos tienta con el fuego de unos ojos
que destellan bajo el lino de una toca,
con la púrpura de frescos labios rojos
y los pálidos marfiles de una boca.
Alrededor de la columna que habitaba el Estilita,
como un mar efervescente, muchedumbre ingente agita,
los turbantes, los bastones y los brazos,
y demanda su sermón al solitario
cuya hueca voz de enfermo
fuerzas cobra ante la mies
que el Señor ha deparado
a su hoz, y cruza el yermo
que turbaron otros tiempos los timbales de Ramsés.

Y les habla de las obras de piedad y sacrificio,
de las rudas tentaciones del Apóstol y del vicio
que llevamos en nosotros; del ayuno y el cilicio,
del vivir año tras año con las fieras
bajo rotos quitasoles de palmeras;
y les cuenta lo que es sed y lo que es hambre,
lo que son las noches cálidas de Libia,
cuando bulle de planetas un enjambre,
y susurra en los palmares la aura tibia,
que provocan en el ánimo cansado
de una vida muerta y loca
los recuerdos tormentosos
que en los días pesarosos,
que en los días soñolientos
de tristezas y de calma
nos golpean en el alma
con sus mágicos acentos
cual la espuma débil
toca
la cabeza dura y fría
de la roca.

De la turba que le oía
una linda pecadora
destacóse: parecía
la primera luz del día,
y en lo negro de sus ojos
la mirada tentadora
era un áspid: amplia túnica de grana
dibujaba las esferas de su seno;
nunca vieran los jardines de Ecbatana
otro talle más airoso, blanco y lleno;
bajo el arco victorioso de las cejas
era un triunfo la pupila quieta y brava,
y, cual conchas sonrosadas, las orejas
se escondían bajo un pelo que temblaba
como oro derretido;
de sus manos blancas, frescas,
el purísimo diseño
semejaba lotos vivos
de alabastro,
irradiaba toda ella
como un astro;
era sueño
que vagaba
con la turba adormecida
y cruzaba
-la sandalia al pie ceñida-
cual la muda sombra errante
de una sílfide,
de una sílfide seguida
por su amante.

Y el buen monje
la miraba,
la miraba,
la miraba,
y, queriendo hablar, no hablaba,
y sentía su alma esclava
de la bella pecadora de mirada tentadora,
y un ardor nunca sentido
sus arterias encendía,
y un temblor desconocido
su figura
larga
y flaca
y amarilla
sacudía:
¡era amor! El monje adusto
en esa hora sintió el gusto
de los seres y la vida;
su guarida
de repente abandonaron
pensamientos tenebrosos
que en la mente
se asilaron
del proscrito
que, dejando su columna
de granito,
y en coloquio con la bella
cortesana,
se marchó por el desierto
despacito…
a la vista de la muda,
¡a la vista de la absorta caravana!…

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