LA ÚLTIMA ESTACIÓN un documental de Edgar Aya

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La última estación /documental/color/sonido – estrenado en Ibagué, Colombia en abril de 2013. Dirección e investigación: Edgar Aya Uribe. Producción: Adriana Villarraga. Dirección de fotografía y cámara: Camilo Toro García. Sonido directo y mezcla: Gabriel Medina. Montaje: Mauricio Oviedo, Edgar Aya. Fotofija: Harold Cáceres. Asistente producción: Johanna Andrade.

Hace unos diez años tuve la oportunidad de compartir con Edgar Aya una experiencia en común, en calidad de codirectores de un cortometraje que desafortunadamente nunca pudo ser editado pero que creo es clave dentro de la corta historia del audiovisual local y que llevaría por título “La última escena”; este cortometraje era parte de un ejercicio académico organizado por el Centro Cultural de la Universidad del Tolima, bajo la coordinación del director Víctor Gaviria y creo que para muchos dicha experiencia fue definitiva en la intención de dedicarse posteriormente al cine y al audiovisual. Es significativo encontrar con el paso de los años realizaciones de quienes en su momento eran simples promesas y que ahora enriquecen el movimiento local con sus propias visiones y proyectos; importante resaltar que en el 2002, cuando hicimos el ejercicio de la “La última escena”, los únicos realizadores locales con producción constante y que de algún modo tenían el derecho de llamarse a si mismos “cineastas” eran Luis Rozo y Jorge Prudencio, hoy en día el panorama es bien distinto.

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Algún día escribiré con más detalle sobre “La última escena”, hoy nos corresponde hablar sobre “La última estación“, el más reciente trabajo del realizador ibaguereño Edgar Aya. Conocía algunos ejercicios previos del realizador y también su interés puntual por el llamado “cine experimental”, concepto éste como todos saben un tanto ambiguo y abierto a las más inciertas interpretaciones, mediante el cual ademas se puede justificar cualquier cosa con la etiqueta de “cine de autor”. Pues bien, dejando de lado los antecedentes, nos encontramos con un documental en lineas generales bastante consistente con un gran acierto en la estructura utilizada y que a pesar de cierta saturación textual fue bien recibido por los espectadores, quienes el día del estreno llenaron el auditorio del MAT dos veces consecutivas para poder apreciar el trabajo. No se dimensionó la importancia del estreno, que sin duda merecía un lugar más conveniente, fuese alguno de los modernos auditorios de la Universidad del Tolima o el mismo Teatro Tolima, puesto que el tema tratado amerita una mayor recepción por parte del público local.

foto de Harold Cáceres, foto fija de "La última estación". El equipo en acción.
foto de Harold Cáceres, foto fija de “La última estación”. El equipo en acción.

Puede que el documental suscite sentimientos “nostálgicos” en cierta franja de espectadores, que vivieron y conocieron el tren, pero la propuesta transciende dicho tratamiento (se trata un poco la salida fácil, puramente periodística o informativa por así decir) y más bien activa dispositivos críticos frente a los escasos niveles de apropiación y pertenencia que suelen caracterizar al ciudadano ibaguereño de ayer y hoy, así como al absurdo de nuestras clases dirigentes, nacionales y locales, de una mezquindad infinita y coptadas por mafias de todos los pelambres, siendo ellas mismas en la mayor parte de los casos, sustanciales a dichas mafias y propiciadoras de la esencial corrupción del sistema. No de otro modo se puede explicar el olvido y desmantelamiento a que fue sometida la infraestructura ferroviaria del país durante el último cuarto de siglo pasado, desconociendo o fingiendo desconocer que el desarrollo no consiste en simplemente reemplazar una cosa por la otra, sino en poner a circular de manera simultanea varias alternativas y posibilidades, hablando especifícamente de los medios de transporte y comunicación básicos para mover una nación hacia el futuro.

Aquí encuentro un acierto del documental, sobre todo cuando se piensan las dimensiones temporales del mismo. Por un lado aborda el problema del patrimonio a nivel local, en el contexto de una sociedad que nunca ha podido articular una política clara respecto a lo que tiene que preservar y que por ejemplo en casos como el Edificio Panóptico de Ibagué, la Casa de Jorge Isaacs, o la reciente “restauración” de que fue víctima el mural de Jorge Elias Triana en la fachada de la Gobernación del Tolima, demuestran lo que se acaba de afirmar, sobre el pobre sentido de identidad del ibaguereño común y la ausencia de visión a largo plazo y alarmante desfachatez de las administraciones regionales y locales en estos temas tan delicados y sensibles. Sin embargo aquí se introduce una dimensión de futuro a través de la joven protagonista del documental, la adorable Melisa, quién conduce al espectador no solo a través de la mirada experta o académica que valora aspectos puntuales de la vieja estación de Picaleña, también se abordan voces “populares” (el actual habitante de la estación o el historiador de barrio, por ejemplo), o miradas  más emotivas en fin. Se produce esta hilación de la memoria, del pasado, a través de una mirada del futuro, que creo constituye un hallazgo interesante del realizador, sin embargo personalmente creo que las motivaciones de este personaje, resultan todavía insuficientes y no se profundiza en las mismas más allá de un epígrafe al inicio del trabajo. Otro aspecto este si difícil de corregir es que aunque en general la presencia de la protagonista resulta bastante agradable en pantalla, en ocasiones se siente un tanto forzada en las preguntas que hace a los otros personajes; este tono hipostasiado también se percibe al inicio del documental, cuando ella lee apartes del libro de Hector Sánchez.

Por otro lado el público ibaguereño se viene habituando a trabajos locales de calidad técnica y “La última estación” no es la excepción, con buenos tratamientos de fotografía y sonido. A nivel de exploración me gustó bastante el plano final del documental, con la silueta de Melisa en su bicicleta alejándose dentro del túnel. Quizá los únicos peros en este sentido sean los travellings en donde se queria seguir a los personajes conversando, en un par de ocasiones con la imagen un tanto “saltada” e inestable, pero en general se trata de un trabajo de buena factura y que debería estar en condiciones de medirse en otros escenarios nacionales e internacionales, por el bien del movimiento local.

Foto de Harold Cáceres para "La última estación".
Foto de Harold Cáceres para “La última estación”.
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