Salta la broma de bromistas que chasquean los dedos

En noches así se sentía como un fantasma desgarrado por el viento de la calle, disuelto a la más leve perturbación: surgía, desaparecía y volvía a emerger sin ninguna causa, pero sin dejar tampoco consecuencias importantes.
En noches así se sentía como un fantasma desgarrado por el viento de la calle, disuelto a la más leve perturbación: surgía, desaparecía y volvía a emerger sin ninguna causa, pero sin dejar tampoco consecuencias importantes.

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Tuvimos ocasión de asistir a las conferencias que Consuelo Pabón ofreció la primera semana de agosto de 2012 en la Universidad del Tolima, “Historias de cuerpos”, “Cuerpo sin órganos” y “La experiencia límite”, fueron los títulos de las mencionadas conferencias. Consuelo Pabón es una destacada investigadora de arte en Colombia, unas de las principales aportantes al Proyecto Pentágono y tuvo la oportunidad de asistir a cursos en París 8 a cargo de filósofos de la talla de Michel Foucault, Lyotard, entre otros importantes pensadores a nivel mundial. El siguiente texto retoma algunos tópicos sobre los que reflexionamos en estas jornadas, proponiendo maneras de pensar nuestros problemas como masa humana en una sociedad de control.

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Visitar estancias del pensamiento contemporáneo, recorridos e invitaciones que en algunas ocasiones nos conducen a callejones sin salida, pero a veces nos muestran profundos paisajes o imágenes extrañas. Pensar lo contemporáneo del arte, en qué estamos, para dónde vamos y cómo nosotros como latinoamericanos y esencialmente desde un rincón periférico del pensamiento podemos asumir eso, parecería un reto desproporcionado y absurdo, un oficio meramente académico sin ninguna conexión con la realidad circundante.

Sin embargo hemos visto que el concepto de realidad aparece en la actualidad descentrado y no tan claro como quizá se insinuaba en otras épocas de la humanidad. Hoy en día parece ser que el concepto mismo de humanidad entra en una crisis irreversible y total, desde las bombas atómicas, los campos de concentración, el exterminio de los pueblos, todo conduce a pensar un estado de cosas bastante enrarecido, tóxico por decirlo así y que provoca la pregunta sobre el sentido último del arte, cuando las ficciones del viejo humanismo se disipa en la maraña tumultuosa de Internet y su red de mentiras universales y controladas por Algo desconocido al otro lado de la pantalla luminosa, Algo que se intuye pero no se acaba de comprender.

El presente escrito hace una exploración sobre dichas coordenadas y recoge parte de la propuesta de Consuelo Pabón con el fin de hilar algún sentido dentro de las contradicciones que se desplazan en diversos sentidos y fuerza, de un lugar al siguiente, entre tiempos que nunca se encuentran. Parece a veces que hablamos de cosas distintas y solo queda tiempo para reír en un sin sentido.

"¡Herejes! ¡Herejes!", chillaron los pajarracos aposentados en las ramas.
“¡Herejes! ¡Herejes!”, chillaron los pajarracos aposentados en las ramas.

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La obra de Michel Foucault, atravesada por múltiples experiencias y la mirada de un filósofo dispuesto a percibir el sutil movimiento de los cambios, relata en algunos apartes la historia de los conceptos que constituyen en esencia el régimen de relaciones entre Lo Mismo y Lo Otro, barrera cultural, abismo antropológico que identifica de manera esquizoide a lo primero como Razón y lo segundo como Locura. En sus escritos se reconoce que el saber es una estructura de poder que encubre la hipócrita necesidad de absoluto, característica de la sociedad en general y que señala al mismo tiempo su posible fracaso en cuanto proyecto humanista. La solemnidad de los usos religiosos contrasta de cualquier manera con la sonrisa perversa de los elegidos extáticos.

Las armas del saber formalizado, el logos que aplaca la diferencia y que se resume en pesadilla de una cabeza parlante sin cuerpo, conduce a la ejecución por pasos del fantasma del terrorismo mundial dentro de un plan de dominio sobre la vida y la muerte, que incluye la negación rabiosa de cualquier asomo de diferencia. En lo cotidiano y lo político lo que se evidencia es el ascenso de una ideología de la raza sustentada en los avances de la investigación genética y la manipulación del átomo en los laboratorios de países avanzados, lo cual sugiere que la derrota de los nazis en la segunda guerra mundial no implicó necesariamente la victoria de la democracia y la libertad, como se viene publicitando desde entonces, por el contrario, el totalitarismo neoliberal se apoderó rápidamente de las técnicas fascistas del dominio para ser aplicadas a todo nivel en una realidad patética como resulta ser la nuestra.

Otros sectores de la ciencia llamados de “vanguardia” o irrisoriamente “humanistas” se configuraron igualmente como una serie de discursos bien intencionados pero sometidos a la coraza de conceptos tradicionalistas y neoconservadores, logocentrismos, eurocentrismos en general, encargados de negar y satanizar Lo Otro como desconocido, penetrando su lógica interna para así proceder a neutralizarla (matarla), es así como Lo Otro que no sea considerado materia de consumo, útil para generar riqueza, acumular lucro, explotar de maneras retorcidas e inimaginables, será tachado impertinente, sobrante, subproducto de la gran historia central que ocurre en los libros sancionados por el orden de dominio y los mega centros urbanos sedientos de poder.

Estaba muerto, si, seguramente; pero los muertos se levantaban y proseguían la fiesta en total anarquía.
Estaba muerto, si, seguramente; pero los muertos se levantan y prosiguen la fiesta en total anarquía.

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En el límite de la explotación de la vasta realidad la dominación se establece en el binomio legitimado del orden: centro-periferia/sistema-mundo; así ocurre en AGUIRRE LA IRA DE DIOS (HERZOG 1977) en donde la concepción evangelizadora de los conquistadores en cuanto paradigma “blando” encubre aquella necesidad de absoluto que nada tiene que ver con la espiritualidad del ser sino que pertenece por lo general al orden económico, aunque se puede hablar de sentidos más depravados que le den cuerda a la acción; la palabra de Dios o biblia desprovista de sentido que no puede decir nada a oídos que ignoran la lengua latina que se impone, oídos de indígenas que no saben escuchar, que no tienen paciencia para comprender lo que Ellos pretenden decir (a las buenas o a las malas) es por eso que cuando arrojan el libro a tierra, cuando manifiestan que allí no se oye la palabra de Dios (literalmente, no pudo ser escuchada) son reducidos en definitiva a una condición subalterna, burda naturaleza inspirada por el mal.

Lo Otro como Locura por fuera del ámbito de comprensión puesto que el dominio supone un espíritu egocéntrico e infantil; es una paradoja histórica pero el asesinato y el canibalismo aparecen absurdamente ligados a un menor desarrollo tecnológico, a la esencia primitiva de la pre-humanidad, sin embargo es notable hasta que punto vivimos en una sociedad que goza en toda la plenitud de su superficialidad de los horrores del comer Lo Otro, destrozarlo sin nunca saciar el apetito voraz. Consumimos Lo Otro como quien va al supermercado y devora un bien desechable que rápidamente se olvida en medio del afán del día.

La selva devora el caballo, flechas fugaces vienen desde distintas direcciones, prueban la fragilidad de la carne que recubre la armadura y las primeras moscas visitan ese primer melancólico cadáver europeo. La lenta degradación del fiambre en la selva es objeto de vigilancia y así se cierra una primera fase de burdo engaño (espejitos y piedras brillantes de nuestros textos escolares en donde la fábula de la historia siempre conocía un final feliz), los falsos mitos que llegan desde el Allá desconocido finalmente revelan su falsa consistencia y aparece la desesperación existencial a la que se entregan los pueblos aplacados en la furia de la devastación conquistadora.

El saber y la forma cultural dominante se radicaliza en sus propias creaciones, ejercicios, contradicciones ejemplares, en nudos o nociones de valor, lo cual es necesario para que esos saberes y formas tomen un peso dentro de lo concreto existencial; labor de adaptación de figuras intelectuales único medio de sobrevivir en el horizonte voluble de la memoria humana, ritmos dolorosos como el parto sin experiencia que engendra monstruosas instituciones en la cuna del poder, el paradigma aparece así como la obligación servil del conocimiento que se establece en la corrección del vivir en un mundo restringido.

Siguió tumbado entre el fango semejante a un cerdo cuyo único recurso frente a la proliferación de los piojos consiste en revolcarse un rato en el hueco que excava en la tierra.
Siguió tumbado entre el fango semejante a un cerdo cuyo único recurso frente a la proliferación de los piojos consiste en revolcarse un rato en el hueco que excava en la tierra.

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Cárceles, asilos, hospitales, fábricas, escuelas, manicomios; esperan los jefes orangutanes que cantan, Artaud!, Artaud!, después de dar vuelta al sentido de la vida en el viaje de los Tarahumara, cuando pretendía la sanación total, escribe entonces los poetas negros con ojos de selva que hormiguea y con su mano frota la esencia del vinagre en su seno, entonces los ciclos cantan, los orangutanes jefes del pensamiento mundial también cantan, escribe así el crucificado en algunas cartas fragmentarias, postales de loco que jamás salen del desierto intelectual al cual queda confinado por la policía del pensamiento mundial, él quiere convertirse en su misma Ariadna, pero antes de hacerlo la bestia embiste.

Entonces rompen los orangutanes superiores en un llanto colectivo que resulta contagioso, luego llega a las orejas inflamadas la gran risa salvaje que propicia el castigo del electro-shock.

Juego de mundos en choque perpetuo, eterno incendio, se hace ceniza; entre Lo Mismo y Lo Otro se insinúa otra figura fundamental para establecer por lo menos un horizonte de sentido, aquello que el cuerpo puede hacer, clara incertidumbre asaltada de repente por la catástrofe cósmica, que navega entre pueriles juegos filosóficos (como aquí claramente acontece) de una (post)modernidad en desconfianza con sus propias “ideas” y procederes políticos, pero con la potencia de la irresponsabilidad que lo resquebraja todo, incluyendo la lógica de utopías que presiente perder para siempre.

El cuerpo es entonces síntesis de locura y luz. Es su sentido un secreto desconocido (último y autentico) solo intuido por la verdad que modula lentamente el arte a través de los sistemas de imágenes. En este sentido la creación es dinamita, la mano inexperta puede volar. Es la razón mezclada con sus fantasmas que anuncia Goya en los albores del desquiciamiento post(moderno) que expresa por fin su relación de frontera con la realidad, que se impone muchas veces siguiendo la restricción lingüística y las condiciones precarias de la actividad intersubjetiva dominante.

Es la reunión incierta que rasga por así decir sus bases o principios, que se extraña ante su no pensamiento, que ignora todo sobre sus mecanismos y descargas, hasta que el sonido llega a la mencionada frontera mental, haciendo volar para siempre el umbral de la perspectiva humana (obsoleta desde que llego a concebirse como cumbre y fin del desarrollo universal, empezando por la necia concepción de desarrollo, propia del nefasto siglo XIX).

Engranajes perdidos, tuercas molidas, herrumbre de olvidadas herramientas
Engranajes perdidos, tuercas molidas, herrumbre de olvidadas herramientas.

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Es así como los restos de palabras se amontonan como un simulacro de serenidad, pero ahora todos desean andar ebrios. Los encapuchados sangran en un beso con la eternidad y la antena que se dirige en esa dirección capta lo que parece ser una comunicación, un sordo grito bajo el agua. El gorila-orangután confuso por los peces que deja escapar en medio de la disipación de sus precarias neuronas, no le importa. Sonríe, con perversidad; como los sacrificados en las películas de Pier Paolo Pasolini. No le importa. Preguntas, repetición, precisamente, se cierra el último de los círculos neuróticos. Apresuradas respuestas de la andrajosa humanidad que despide a sus dioses eternos con grave llanto, quejumbrosa humanidad de tanto discurso y sueño sin ninguna explicación, huye de sí misma, cobarde e inventa una vida en el mundo cuyo fundamento es la paranoia, la sumisión, la explotación y el engaño.

Una vida en estado de total desequilibrio, opuesta a los principios sensatos de armonía, comprensión y comunicación respecto a la idea de mundo como entidad compleja, múltiple e interconectada, pero sobre todo VIVA. Los ajenos buscan, activan detonantes y transgreden la premisa de que todo funciona como debe ser, los ajenos intentan esquivar aquel oscuro destino de la humanidad como masa que pasa de un régimen de control a uno de exterminio globalizado. Los ajenos aparecen en la mira de semejante dispositivo propio de un ámbito seguro de normalidad y que ataca de manera puntual toda experiencia límite conducente a lograr aquellos estados extremos de lucidez que le son propios y en donde el pensamiento abandona por fin su estrecho intelectualismo, su condición centrada y cerebral, invitando en este sentido a una ruptura crítica con el orden dado de cosas, en donde a su vez se instala felizmente y legitimando de paso aquellas absurdas estructuras de poder, la humanidad mediocre, la humanidad gris.

Entonces una cabeza de cadáver choca en contra de los escalones, en la entrada de aquel antiguo edificio en una película, hogar de la tradición psiquiátrica que por mucho tiempo analizó aquella cabeza, hasta hacerla explotar con su experimento; las voces dominan la tierra, se copian las cifras de nombres olvidados, un coro disuelto en la fragmentación de algo que quería relatar, un susurro que abandona labios hundidos en el desierto de unidad, palabras aquí, palabras allá, palabras que desgarran los núcleos cerebrales, palabras que rompen para siempre la humanidad sometida a la mentira de su propia ficción, ideas imposibles: “todos ustedes están muertos”.

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