A. y C.

A.

No puedes saber, -aquí, ahora-,

quien soy

(los días pasan rápido,

me siento menos seguro al respecto).

Puedes esperar la casual distracción,

me trasnocho:

inventando combinaciones perpetuas:

estoy seguro, (la palabra

intestinos sigue siendo horrible).

Nudos.

Ojos que hablan, fijos.

Los ojos que más nos ayudan

a cambiar nuestros ojos.

Hilos de palabras: insipido suero.

Membranas que se abren: un martes.

Era eso.

C.

Encerrado prosigo en mi nocturna faena;

revisar las posibles ramificaciones,

corregir las inflexiones molestas.

Desecho por supuesto

las palabras más podridas,

cansadas del artificio interno.

Es un sistema de imágenes

curioso todavía,

avanza en linea,

dispersa rompiendo.

¡Oh! Eternos comedores de harina.

¡Oh! Cadillacs que huyen del rock.

Tocan su tecladito: viajan

por los aires.

Conocen la chuspa occidental de país;

el disco volante hace entristecer

el cerebro

y mientras gira

se siente extinto en su nostalgia.

 

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