“¿Cuál historia del cine?”

3529490799_55280171c6_o

1

 El texto ofrece una visión resumida del origen del cinematógrafo y de cómo los diversos avances tecnológicos a lo largo de las épocas terminaron por confluir en un acontecimiento de enorme importancia en la historia del arte: la capacidad humana de retener la imagen en movimiento y narrar a partir de los llamados “fragmentos profílmicos”. Según el texto son tres las condiciones técnicas que tuvieron que encontrar solución para posibilitar la existencia del cinematógrafo: primero, el sistema de proyección a partir de la cámara oscura desarrollada en el renacimiento europeo, así como el perfeccionamiento del lente; en segundo lugar las investigaciones sobre la persistencia retiniana en dónde se destacó el científico belga Joseph Plateau y por último lo que el autor llama “el problema del desarrollo de la fotografía en general”, es decir la capacidad de fijar imágenes de la realidad en los soportes adecuados.

El cine comienza como un espectáculo de feria, una curiosidad de fin de semana o también como un dispositivo de registro de la realidad, con fines exclusivamente científicos. Sin embargo, como bien señala el autor del texto, en los países desarrollados esta fase de exploración fue agotada rápidamente y comenzaron a aparecer formas de mayor sofisticación y las tendencias o géneros que aún hoy en día son utilizados por los cineastas para narrar sus historias: el documental y la ficción. Es muy importante tratar de entender como las diversas escuelas y las cinematografías nacionales lucharon por encontrar sus propias voces y estilos de narrar, cada uno reflejando la idiosincrasia cultural específica.

En este sentido el texto se muestra bastante crítico con la cinematografía estadounidense que surge en Hollywood, de esencia comercial y corporativa, que tiende a enfatizar el aspecto industrial del cine en detrimento supuestamente de su riqueza artística y valor como hecho cultural. El “anticine” como es descrito en algunos apartes del texto, considera que el espectador promedio se conformará con los mismos argumentos de siempre, de manera acrítica e impersonal; se trata del cine visto exclusivamente como negocio, como medio para generar lucro, alrededor del cual giran el “star sistem” y los grandes tiburones de la industria, cuyo objetivo es acaparar el mercado.

herbert_bayer

2

 Es curiosa la afirmación del texto al referirse al éxito de “Lo que el viento se llevó” (1939), que durante décadas siguió y seguramente sigue produciendo a la casa productora jugosas ganancias: “Al menos dos grandes conclusiones se pudieron sacar de la experiencia de esta película: la primera, que hacer una película puede convertirse en un buen negocio y que por lo tanto para muchos lo que importa es la ganancia más que el arte. Y la segunda es que el hacer películas es un trabajo conjunto, en equipo, que articula los esfuerzos orquestados de técnicos, artesanos y artistas” (p. 216)

El cine se mueve entre dichas contradicciones fundamentales y alguien diría que lo que sucede es que hay personas que aman el cine, mientras otras personas aman el negocio del cine, lo cual por supuesto son dos posiciones casi irreconciliables, sin embargo es una imagen que al mismo tiempo explica la segunda conclusión que refiere el autor y es que para hacer una película se necesitan muchas especialidades en función del proyecto, no solo en la parte creativa, también en la parte de gestión, administración y en general de la producción como tal. Existen muchas leyendas alrededor de la figura del productor-vampiro, generalmente es un personaje que se desvive por el dinero, nunca vio una película en su vida y se dedica a provocar sufrimiento entre sus empleados más abajo en la pirámide audiovisual o simplemente hace añicos los sueños de algún pobre guionista, en fin. Por fortuna se trata más bien de un cliché de películas sobre las películas en las que por lo general se satiriza de manera bastante divertida sobre lo que ocurre en la “intimidad” de la industria, por así decir.

Casati by man_ray

3

 A diferencia de lo que ocurre en los países desarrollados que abandonaron rápidamente la etapa exploratoria del cinematógrafo, el autor afirma que en el caso colombiano dicha etapa se mantuvo durante algunos décadas, en detrimento de la posibilidad de establecer una industria como tal. La falta de continuidad en la producción nacional, el escaso nivel de cualificación que durante años caracterizo dicha producción, la falta de apoyo del estado y el escaso interés por parte de potenciales inversores, fueron los elementos que jugaron en contra del surgimiento de una cinematografía auténticamente colombiana durante casi todo el siglo XX; esto a pesar de los esfuerzos aislados, los “éxitos” de taquilla (“El taxista millonario”, “El embajador de la India”, “La estrategia del caracol”), y nuestras divas y divos que en realidad nunca pasaron de ser estrellas de radio y televisión, la verdad es que la vocación de los colombianos por narrar y escuchar historias nunca fue explotada en su sentido industrial a través del cinematógrafo, en detrimento por supuesto de su potencial artístico y en detrimento del potencial expresivo de generaciones enteras de cineastas colombianos que muchas veces tuvieron que conformarse con ver como sus historias languidecían en un guión que nadie tenía interés de producir.

Con una o dos películas anuales a finales de los noventa y principios del dos mil, el cinematógrafo colombiano parecía destinado al olvido, al fracaso absoluto y la vergüenza general. El texto se detiene justamente en el umbral de la Ley 814 o Ley de Cine que fue promulgada en el año 2004 y que creó a Proimagenes en movimiento con fondos estatales para el desarrollo, producción, postproducción y difusión de películas colombianas. Es claro que durante estos años al amparo de esta legislación se ha producido una verdadera explosión de proyectos, realizaciones, estrenos y jóvenes cineastas; por primera vez en la historia y ciento diez años después de “La llegada del tren” de los Lumiere, se puede afirmar que en Colombia existe por fin un atisbo de industria enfocada en el desarrollo y la producción y no solo en la exhibición que era la parte del negocio que  hasta ahora se había explotado.

Las notas pesimistas con la que cierra el texto en su aparte dedicado al cine colombiano deben ser matizadas a la luz de estas nuevas realidades, que por supuesto no son la panacea ni mucho menos, pero si han dado impulso importante a los sueños en movimiento de muchas personas, que quieren hablar del país a través de la pantalla grande.

Anuncios

comentarios aquí

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s