Esto será muy aburridor de leer

Visiones a largo plazo e imaginarios del desarrollo en tres documentos de prospectiva

Trabajo final para el curso de Desarrollo Regional y Local * Profesor: Jaime Lozano * Presentado por: Carlos Armando Castillo Martínez * Fecha: 10 de Junio de 2009.

A partir de la gramática propuesta se establece una lectura sobre la perspectiva de desarrollo que ofrecen documentos como Visión Colombia Segundo Centenario y en una distinta dimensión la Agenda Interna de Competitividad y Productividad del Tolima, así como el documento Visión Tolima 2025; resulta interesante llegar a definir el estilo de imaginario social que sugiere estos documentos.

Los ejercicios de prospectiva se entienden como instrumentos estrategicos de desarrollo que buscan romper con las lógicas a corto plazo determinadas por la permanencia de gobernantes o partidos en los puestos de privilegio y pensar el futuro de colectividades nacionales, regionales o locales en el contexto de una perspectiva larga, abierta e inclusiva, como resultado del dialogo entre distintos sectores sociales.

En este sentido es significativa y hasta cierto punto paradojica, la insistencia puntual del presidente Uribe cuando dice en el prólogo de Vision Colombia 2019 que el país no puede andar “de bandazo en bandazo, pasando de un plan cuatrienal de desarrollo a otro plan cuatrienal de desarrollo y generalmente con desconocimiento del anterior”, o cuando manifiesta que “a pesar de la definición constitucional de trabajar con planes cuatrienales de desarrollo, [el país] piense en la necesidad de contar con puentes que vinculen un plan con otro; con hilos conductores que se le entreguen a la ciudadanía, al nuevo Gobierno, al nuevo Congreso”.

El planteamiento es sensato e incluso deseable, pues reemplaza la perspectiva inmediatista con una serie de estrategias a largo plazo articuladas en este caso a ideas como la Revolución Educativa, la inserción “dinámica” en el mercado global, la maduración de sujetos políticos con participación en formas reales de democracía y profundización de procesos de descentralización; más allá de las “diferencias ideológicas, políticas, intelectuales” se trataría de definir “entre todos” el proyecto de nación o sueño colectivo que estamos dispuestos a asumir. Posiciones semejantes son evidentes ya desde la presentación de Visión Tolima 2025: la planeación no tiene que supeditarse a los periodos de los gobernantes y tiene que ser resultado de la concertación, “Debe ser la sociedad la que le señale a sus gobernantes las prioridades del modelo de desarrollo y crecimiento, con el fin de que no se pierdan esfuerzos y recursos acumulados durante años”.

Encontramos que el documento Visión Colombia 2019 presenta  una estructura interesante y ordenada. Redactado hace cinco años, propone dos fechas de peso simbólico como transito del país hacia su transformación en varios niveles; metas a mediano plazo que se deben concretar en 2010 y metas a largo plazo previstas para 2019. El documento propone la transformación del país en base a dos principios fundamentales, -la consolidación de un modelo político profundamente democrático y el afianzamiento de un modelo socioeconómico sin exclusiones- y cuatro objetivos concretos: una economía que brinde mayor nivel de bienestar, una sociedad más igualitaria y solidaria, una sociedad de ciudadanos libres y responsables y un Estado al servicio de los ciudadanos.

Tanto la Agenda como Visión Tolima 2025 se esfuerzan por articular categorias a realidades que podrían ser catalogadas como “propias”, aunque es evidente que se mueven dentro de un espacio conceptual más amplio definido por Visión Colombia 2019; en el caso de Visión Tolima 2025 se aprecia un menor nivel de elaboración metodológico y profundización teórica respecto a los otros contenidos.

Como una característica del estilo que nos proponemos señalar, un elemento importante es que desde el principio los documentos invitan suspender todo juicio, a dejar de lado toda lectura cargada de subjetividad, a olvidar todo contexto o referente previo y proceden a ubicarse casi que en una zona de supuesta neutralidad ideológica y política. Por otro lado se enfatiza en la perspectiva incluyente y amplia que caracteriza la propuesta y por consiguiente su apertura en la discusión. El gobernador Garcia Orjuela en su respectivo prólogo, siguiendo una linea semejante a la ya expuesta, señala en la Agenda que lo que se requiere para incrementar los niveles de competitividad del departamento es que “la voluntad social se alinee en una misma dirección y por fin logremos que las nimiedades personales, los enfrentamientos políticos y las rencillas generacionales cedan su paso a temas verdaderamente importantes”.

Más adelante se deja constancia del espíritu abierto de la propuesta y se invita a diversos sectores a trabajar activamente en su desarrollo definitivo según los planes trazados con anterioridad en el documento; más que una propuesta conclusa y lista para ser llevada a cabo se autodefine como instrumento estrategico de desarrollo, o como se dice en Visión Colombia 2019 “un punto de partida y no de llegada, un punto de referencia (…) para ordenar en los colombianos una discusión que lleve a construir propuestas y plantear soluciones para el país que queremos en el Segundo Centenario”. En terminos parecidos, aunque con un menor nivel de elaboración como ya se dijo, se expresa Visión Tolima 2025 cuando sostiene que “El éxito no es haber terminado el documento. Lo importante es que su contenido sea orientador del desarrollo del Tolima. No puede ser un catálogo de buenas intenciones sino un instrumento que vaya delimitanto la acción”.

Visión Tolima 2025 es resultado, según se afirma en su presentación, de un ejercicio gestado por sectores públicos y privados, que recopila propuestas anteriores y las articula a entrevistas realizadas a más de “50 lideres del Departamento”, alrededor de mesas de trabajo que analizaron la perspectiva de desarrollo teniendo en cuenta elementos económicos, socioculturales, políticos, demográficos y técnico-científicos en el ambito departamental. Para su elaboración se retoma gran parte de las propuestas delineadas en la Agenda, que se constituye en fundamento académico y linea base a partir de los cuales se desarrolla el trabajo. Es así como en un primer momento Visión Tolima 2025 coincide palabra por palabra en la apuesta de desarrollo que propone la Agenda: biocombustibles, industria del turismo, producción y procesamiento de frutas y hortalizas, industrialización de proteínas de origen animal, explotación de productos del agua, industria maderera, revolución académica y consolidación de un instituto de investigaciones técnico científico como respaldo del proyecto en general.

Vale la pena reseñar que en la Agenda se establece que la economía del departamento se apoya exclusivamente sobre los cultivos de café, arroz y algodón, en la ganaderia y en el sector de las confecciones y sostiene acertadamente que esos sectores se deben considerar como base para una posible reconstrucción económica, pero no son suficientes por si mismos para asegurar la viabilidad del departamento, sobre todo en el contexto de apertura comercial y competencia en desiguales condiciones que propone el TLC. El objetivo concreto de la Agenda será ubicar al departamento entre los ocho primeros de Colombia a nivel de competitividad; el Tolima buscaría aprovechar su cercanía con Bogotá para sustentar su oferta turistica y colocar algunos de sus productos agricolas en ese mercado, pero de manera más ambiciosa se plantea la necesidad de diversificación y tecnificación productiva y comercial con el objetivo de insertarse sin complejos en el mercado mundial.

Visión Tolima 2025 hace una breve relación de anteriores trabajos que han desarrollado diversas prospectivas a partir de los años setenta; se destacan los Encuentros Tolimenses organizados por la ADT (1972), la elaboración del Plan de Desarrollo Agroindustrial en la década de los ochenta, los esfuerzos de la Corporación Iguaima en la década de los noventa, entre otros, entre los que se destacan Foros, Encuentros y otro tipo de ejercicios que buscaban plantear distintas visiones a largo plazo para el departamento.

Estos referentes o antecedentes pueden ser interesantes pero a nuestro juicio el texto se queda corto al no intentar hacer una caracterización seria y profunda de los enfoques utilizados para desarrollar esos trabajos; tampoco hace un balance de la efectividad y utilidad de los ejercicios, no nos dice ni cuales fueron los objetivos puntuales, que clase de obstáculos surgieron en la consecución de las metas o si estas últimas se alcanzaron en su totalidad, parcialmente o sencillamente fracasaron en el intento. Creo que hubiera sido un elemento importante a la hora de proponer una nueva serie de metas y de derroteros a seguir.

No se puede pasar de largo sobre la caracterización de los actores participantes en la construcción de la visión, tal y como lo explica el mismo documento. En primer lugar cabe preguntar sobre los criterios utilizados para definir quienes si y quienes no son “actores relevantes” o “ciudadanos interesados por el departamento”; a estos ciudadanos relevantes se les preguntaron cosas como la factibilidad de cierto número de ideas-fuerza (ya determinadas por el grupo a cargo) y su nivel de impacto según sus propias experiencias, ademas de averiguarles “cuáles deberían ser los aspectos que a su juicio permitirían medir un incremento en el desarrollo del departamento”. Los criterios utilizados para hacer tan crucial definición son de indole clasista, puesto que las entrevistas serán realizadas a los que “por su posición, su capacidad o potencial de liderazgo para movilizar recursos políticos, económicos o de capital social” tengan un mayor interes en el departamento, es decir que la condición de relevancia requerida será fundamentalmente una cuestión de statu quo.

Más preocupante aún es el hecho que se reconozca de manera tan olimpica que el documento no es resultado de una mirada “experta” (¿académica?) en el tema de desarrollo regional, por el contrario, de manera muy vaga se sostiene un punto de vista “más comprehensivo que recoge los sueños y expectativas” de los ciudadanos relevantes ya mencionados.

A pesar del espíritu abierto y altamente democrático que sugiere la retórica del documento nos encontramos con una visión cuya construcción fue de carácter restrictivo y prejuicioso, pues sugiere que la mayoria de la población, o sea aquella que no tiene los suficientes recursos, contactos o influencias como para ser considerada relevante, no tiene nada que decir al respecto. De hecho el documento podría ubicarse en un terreno más retórico que análitico, basado en el empirismo de un cumulo de opiniones reforzadas por su mismo elitismo excluyente.

Es interesante aquí volver al documento Visión Colombia 2019 y tratar de interrogar la lectura optimista que sugiere sobre la supuesta fortaleza en materia de instituciones democráticas con las que en ocasiones se caracteriza el país. Tras hacer un reclamo a la academia por haber identificado “erroneamente” la historia política con la historia de la violencia, afirma que nuestro país cuenta con una larga y solida tradición electoral y democrática, de la cual todos deberiamos “estar orgullosos”. Se aprecia cierto nivel de emoción patriotera mezclado en el análisis, con el resultado de un texto que en dicho aparte desconoce o distorsiona determinados procesos en la historia del país.

Así, concibe el conflicto como un elemento que podría escindirse del análisis de la realidad colombiana y solo así se explica ese extraño reclamo a los historiadores locales por centrar su atención en lo malo y olvidarse de lo bueno, e ignorando ademas que a partir de la década de los setenta el tema colombiano es abordado de manera frecuente por historiadores anglosajones interesados en el ámbito latinoamericano, que precisamente construyen muchas de sus tesis como tentativas de explicación al conflicto tanto en el contexto de las guerras civiles del siglo XIX, la guerra de los mil días, los conflictos bipartidistas a partir de los años cuarenta o la compleja disputa de actores armados del último periodo atravesado por las dinámicas del narcotráfico.

Escindido lo malo el texto pasa a proponer un curioso esquema de historia política basado en la alegre premisa de nuestra consistente tradición electoral, republicana y civilista, sosteniendo que “el país ha sido gobernado por civiles y que esos civiles han hecho uso limitado del poder”; si bien los datos estadisticos demuestran que Colombia, en relación al continente, es el país que ha sufrido con menor intensidad dictaduras militares (tanto en número como duración), eso no oculta el hecho que esa tradición civilista tiene origen en un orden social cerrado, estratificado y colonial basado en los principios de representatividad y ciudadania privilegiada, mediante los cuales las élites de las primeras repúblicas constituian capital simbólico como estrategia de perpetuación en el poder. Complementario a este elemento de exclusivismo político, así como restringido concepto de ciudadania, debe considerarse la importancia de los llamados republicanismos populares del siglo XIX y los movimientos sociales del siglo XX, que a pesar de la anterior situación, a través de presión política, luchas reinvidicatorias y espacios de negociación especialmente ganados en periodos de dominio liberal, ayudaron a configurar el proyecto nacional tambien desde abajo; esto no se menciona en Visión Colombia 2019.

Después de este parentesis histórico trataremos de acercarnos de manera un tanto transversal a la concepción misma de desarrollo que proponen los documentos en cuestión en base a la consideración del elemento científico como esencial en ese sentido. Ya se mencionaron los dos principios o ideales y los cuatro objetivos que propone Visión Colombia 2019, estos últimos estan determinados por tres condiciones que atraviesan su viabilidad: un mundo en transformación, un territorio privilegiado y una población en transición. Se advierte sobre la dimensión del cambio histórico que representa el ascenso de India, Rusia y China en el plano mundial y su repercusión en la economía. Al ubicarse en una coyuntura en donde era imposible predecir la naturaleza de la crisis actual, el texto afirma que Colombia debe aprovechar las oportunidades de una economía en expansión. Lo que resulta inquietante es que proponga que esa participación en el mercado mundial debe hacerse como siempre se ha venido haciendo hasta el momento, es decir, abasteciendo a los paises del primer mundo con insumos y materias primas e importando bienes, tecnología y productos procesados.

De manera consecuente se afirma, refiriendose a la segunda condición de desarrollo, que Colombia en cuanto territorio privilegiado, “sólo se beneficiará de las oportunidades de esta expansión de la economía mundial si aprovecha plenamente las condiciones, variedad y situación geográfica […], a la vez que asimila los costos que éste le genera para proveer ciertos bienes públicos como gobernabilidad y seguridad. El territorio de Colombia genera beneficios, pero también costos”.

Aunque la doctrina de la seguridad no es mencionada con demasiada insistencia en el texto, ésta aparece en momentos claves e importantes y se perfila como una idea articuladora de la propuesta. La “Seguridad Democrática” en cuanto costo necesario para implementar los planes previstos a nivel económico, pero también considerada como garante de los “avances en democracia directa […] especialmente a nivel local”, se convierte entonces en la cuarta condición para lograr los objetivos, no explicitamente nombrada pero presente en todo momento.

Volviendo a lo anterior es iluso suponer que Colombia nunca estuvo “integrada” a la economía mundial; puede ser cierto que hubo “recursos que históricamente jamás se utilizaron” y que otros se aprovecharon de manera ineficiente, pero decir que eso se debe “a la tendencia de la economía nacional a volcarse sobre el pequeñisimo mercado interno”, es desconocer la histórica dependencia del país y especialmente de sus clases dirigentes a la economía de exportación e importación en base a los ciclos inestables de productos como el caucho, el tabaco y finalmente el café y el petroleo, así como recursos mineros.

Ernesto Parra, en un articulo publicado en Indymedia se pregunta si detrás de todo el andamiaje teórico no persiste “una estrategia continuista que irremediablemente equivale a seguir transcurriendo por la senda del subdesarrollo que ha recorrido de forma constante y persistente el país durante 185 años”. El autor plantea serios reparos a esta vocación agropecuaria y minera que se plantea la visión del país, vinculada a la importación de bienes de capital con tecnología incorporada, señalando que en la actualidad el comercio mundial es principalmente comercio de manufacturas, que desde mediados del siglo XX los bienes primarios vienen perdiendo peso dentro de la economía mundial, que los bienes basados en la microelectrónica son lo que dominan dicho mercado y que el desarrollo tecnológico se encuentra vinculado a esos sectores y de manera amplia al sector productor de bienes de capital.

Esto significa que el desarrollo del campo y explotación de recursos solo adquiere relevancia cuando se agrega valor a sus productos, tal como lo sostiene Visión Colombia 2019, pero tal proceso, indica Parra, solo es sostenible si se producen “bienes de toda la cadena productiva, llegando hasta los bienes de capital, tal como lo llevaron a cabo países como Suecia que pasó de la producción forestal a la de madera y pulpa de madera, a la de papel y derivados, pero desarrollando a la par la producción de la maquinaria y equipo que todos estos eslabones de la cadena requería”.

En el contexto actual de globalización es necesario referirse a la centralidad del conocimiento dentro de los procesos de producción y como factor determinante para cualquier proyecto territorial viable y consistente. Colombia Visión 2019 reconoce que la transformación de ventajas comparativas en ventajas competitivas pasa necesariamente por factores tales como la ciencia, la tecnología y la innovación, dice que “hacia el 2019 la economía deberá estar fundamentada en la producción, difusión y uso del conocimiento para el pleno aprovechamiento de los recursos humanos y naturales del país”.

La estrategia consiste en crear un marco institucional adecuado, promover un sistema de información, alcanzar un estadar internacional de 0,1% de la población dedicada a actividades científicas, así como la apertura masiva de centros de investigación y crecimiento de la inversión en ciencia y tecnología hasta un 1,5% del PIB con fuerte participación del sector privado. No es muy claro como puede conciliarse esto con la perspectiva de un proyecto económico basado en la importación de bienes manufacturados y exportación de recursos primarios, que de manera general es lo que plantea el documento en este sentido.

Tanto la Agenda como Visión Tolima 2025 suscitan dudas parecidas, sobre todo en lo que tiene que ver con la real comprensión de la dimensión científica en una sociedad del conocimiento, agravado por el hecho de que el Tolima históricamente es una departamento rezagado en el contexto nacional y que reune todas las señas de los llamados “territorios perdedores” caracterizados por Iván Silva Lira. Reconoce la Agenda que la apuesta productiva representada en la ciencia y tecnología es el elemento que articula todas las lineas de acción y asegura con acierto que “Sin este instrumento será imposible avanzar con pasos seguros en la consolidación de alternativas productivas que hacen parte de este compromiso en favor de la competitividad”. Se plantea la necesidad de contar con un centro integral de investigaciones con capacidad de sustentar los ejes de desarrollo planteados. Sin embargo resulta extraño que en el momento de categorizar la canasta de apuestas productivas, definiendo, justificando y enunciando ventajas comparativas y ventajas competitivas para cada uno de los casos, no se mencione allí a la ciencia y la tecnología. Este elemento resulta subsumido por otros lineas de acción o implicito en ellas. El documento es conciente de la necesidad de fortalecer la diversificación y competividad añadiendo valor agregado a los productos, pero no es claro al definir la manera como la ciencia tiene que respaldar este proceso.

Tanto la Agenda como Visión Tolima 2025 parecen mirar de reojo a Bogotá pero a la expectativa por las consecuencias beneficas que para el desarrollo departamental puede representar el corredor que en la actualidad se abre hacia el Pacífico.

En el segundo documento tenemos un acercamiento a la ciencia algo estrecho y limitado, se trata de una de las ideas-fuerza que se expresa en los siguientes términos: “El Tolima, un departamento en donde la ciencia y la tecnología forman parte de la canasta social de sus habitantes”. En lugar de estar directamente relacionada con los procesos productivos, la ciencia se concibe como una manera de afectar positivamente la idiosincracia de los tolimenses, así se afirma de manera algo curiosa que “El pensamiento científico privilegia la observación, la experimentación, la reflexión, el análisis y la síntesis sobre la intuición y la malicia indígena como habilidades propias para la toma de decisiones tanto en lo cotidiano como en lo profesional”.

Aunque es evidente que el pensamiento científico modela otro tipo de mentalidad en conflicto con sustratos míticos, prejuiciados o dogmaticos y puede que ayude a las personas a ser en efecto más autonomas e independientes como lo plantea el texto, lo que se sugiere no es tanto una articulación del componente técnico-científico a una idea del desarrollo, sino que se esboza un proyecto educativo a través de algunos argumentos de carácter general. Tanto es así que en lugar de plantear la apertura de un centro de investigación como propone la Agenda, se limita a recomendar el impulso de la mentalidad científica “de forma continua desde la educación primaria”.

He tratado de asumir lo que se afirma en un documento del CERE en el que se analiza comparativamente los tres documentos en cuestión, en cuanto es “necesario tener en cuenta la precaución intelectual de no acoger acríticamente lo planteado en estos documentos visiónales, sin antes mirar más allá del componente operativo de los mismos, e intentar desentrañar a que imaginarios y referentes teóricos responden”, (LOZANO RESTREPO, Jaime Francisco y CLAVIJO GARCÍA, Camilo; p.3, 2006).

Quiero reseñar a modo de conclusión otros dos elementos de ese trabajo, pues ayudarían a apuntalar lo que se ha dicho hasta ahora. En primer lugar, respecto a Visión Colombia 2019, se hace evidente que en lugar de generar rupturas con las lógicas del pasado se establecen continuidades que amenazan con prolongar indefinidamente las condiciones de subdesarrollo. En términos de la gramática propuesta no se concibe el desarrollo de abajo hacia arriba, sino de modo tradicional, de arriba hacia abajo, es decir, de manera centralizada, impositiva y privilegiando el componente económico por encima de lo humano; el posible fracaso de la propuesta que plantea la transformación del país en menos de dos décadas, no obedece a la relativa urgencia de las tareas propuestas, sino en intentar remediar los males producidos por el modelo centralista de desarrollo sin pasar por una reconsideración del mismo.

Es importante señalar, respecto a Visión Tolima 2025, que la caracterización del proceso de las mesas de trabajo y ámbitos de socialización del proyecto que se hace en el documento del CERE coincide en lineas generales con nuestra posición al respecto, según la cual se trataría de un ejercicio de retórica democrática, aparentemente inclusivo y abierto, pero dominado por un concepto de exclusividad de carácter clasista sobre la presunción de existencia de ciudadanos notables o relevantes sobre el resto de la población.

Tanto la Visión Tolima 2025 como la Agenda expresan un concepto de desarrollo regional plegado aún a la entidad departamental, sin entrar a considerar otro tipo de configuraciones o estrategias acorde a los modelos que se trabajan actualmente, que suelen transpasar y tienden a modificar las fronteras administrativas tradicionales. De alguna manera también replican a este nivel lo que se acaba de decir sobre Visión Colombia 2019: pretenden abrir rutas para la superación de problemas estructurales sin detenerse a considerar la necesaria modificación de dicha estructura.

Bibliografía

GOBERNACIÓN DEL TOLIMA. Agenda Interna de Competitividad y Productividad del Tolima. Ibagué. La Gobernación, s.f.

GOBERNACIÓN DEL TOLIMA. Visión Tolima 2025. Tolima punto de encuentro de las posibilidades de futuro de Colombia. Ibagué. La Gobernación, s.f.

LIRA SILVA, Iván. Disparidades, competitividad territorial y desarrollo local y regional en América Latina. Santiago de Chile: Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES). Dirección de Gestión del Desarrollo Local y Regional, 2003.

LOZANO RESTREPO, Jaime Francisco y CLAVIJO GARCÍA, Camilo. Reflexiones sobre las visiones prospectivas: Colombia 2019 – Tolima 2025 y La Agenda Interna de Competitividad y Productividad del Tolima. Retos de la Universidad del Tolima frente a una propuesta regional de desarrollo. [En linea] Universidad del Tolima. CERE. 2009. Idioma español. Formato PDF. Disponible en Internet:

PARRA, Ernesto. La pobre visión Colombia 2019. [En linea] Indymedia. 2009. Idioma Español. Disponible en Internet: {http://colombia.indymedia.org/news/2005/08/29594.php}

PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA. DEPARTAMENTO NACIONAL DE PLANEACIÓN. 2019 visión Colombia II centenario. [En linea] Presidencia de la República. 2009. Idioma Español. Formato PDF. Disponible en Internet:{http://presidencia.gov.co/sne/2005/agosto/10/vision2019.pdf}

WILLS, Maria Emma. La convención de Cúcuta de 1821 en la Villa del Rosario de Cúcuta: imaginando un soberano para un nuevo país. [En linea] Biblioteca virtual Luis Ángel Arango. 2009. Idioma Español. Disponible en Internet:

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