…muere por la boca.

Se interviene un guante de lana color naranja oscuro como elemento más vivencial y significativo, éste objeto pertenecía a quién fue mi compañera; después de robarlo lo he guardado por un lapso de tres años más o menos. El guante constituye el cuerpo de la criatura o personaje que se representa. Se dibuja una sonrisa con dos clases de hilo blanco, uno delgado y frágil y otro tipo cordel, mucho más firme.

A esta sonrisa se han agregado unos pequeños ganchos que en ese contexto simulan braquets o frenillos para los dientes. Los hilos se han dejado sueltos y desordenados para provocar un efecto dinámico en la forma. El cigarrillo cortado en el pulgar del guante provoca hilaridad, cosa que se refuerza por la disposición de las gafas, sujetas al guante gracias a unas viejas pinzas de mujer.

Usé estas gafas durante algún tiempo de mi vida. Ahora no me gusta usar gafas, excepto cuando veo cine. En circunstancias normales, de lejos veo todo y a todos borrosos. El cigarrillo recortado, sin encender, remite al hecho que fui fumador de pielrojas desde los 18 años de edad hasta el presente. Desde el pasado 6 de abril estoy llevando a cabo un proceso psicomágico que me ha permitido cortar radicalmente con el hábito.

No sé si las pinzas pertenecieron a mi madre, a quién fue mi compañera o a qué mujer, pero fueron encontradas entre mi personal acumulación de cosas. La “cola”, en cartón y partes removibles de carpetas legajadoras, contribuye a integrar sensación de movimiento al personaje. Se apela al humor para construir el sentido de la forma. La imagen resulta me parece o eso espero, excesiva y graciosa.

La estrategia de construcción no se dirige solo a la necesidad de proponer una “cosa” intervenida, se obliga a pensar mejor un personaje, una criatura que vaga en medio del humo de la ciudad, como un visitante insensato y además algo escamoso, o algo así. La aguja que cuelga y el cigarrillo intacto (cortado por la mitad, pero intacto en su condición de no-encendido, no-aspirado) funcionan como anzuelos que el pez se encuentra a punto de “comer”; es un pez tranquilo, contento, pero al filo del peligro, a punto de ser historia. No solo somos esclavos de lo que decimos, también y quizá principalmente, de lo que fumamos, de lo que estamos dispuestos a comer [comer para ser comidos, por otra parte]; a ello remite el sentido de la imagen propuesta.

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