Diario de campo [percepción visual]

Estos textos hacen parte del Diario de Campo elaborado del 28 de Marzo al 8 de Abril de 2010 para la clase de Percepción Visual a cargo de la maestra Patricia Cervantes.

TRISTEZA la tristeza me huele a flores que se pudren, flores en el cementerio un lunes por la tarde. La tristeza se destila del abandono que sufren las flores terrestres, destinadas a disiparse en ceniza. Esto me lleva a considerar un objeto que resume mi sensación de tristeza. Es el libro Las flores del mal, o poner a secar briznas de pasto. Pequeñas flores que duermen entre las hojas del libro de Baudelaire. Los libros en general pueden resumir o condensar la tristeza. Un mensaje que llega al azar, que se puede perder en el camino. Esto se puede interpretar de manera erronea como simple atributo intelectual, una cosa de la razón pura. Pero esa no es la verdad. Lo otro es estar atento a los sueños, en consecuencia, no puedo olvidar la mañana que desperté con sensación de tristeza en todo el cuerpo, fue mi peor despertar, bajaba todo el tiempo.

ODIO huele a sangre hirviendo que se acumula en una cabeza demasiado tensa. Escucho los gruñidos de los perros que enloquecen bajo el efecto del salvaje calor. Aplastan todo a su paso, atentos tan solo a la rabia que se anuda en el pecho. El odio es ciego dicen y se concentra en el puño cerrado que provoca los disturbios de la noche. Me resulta artificial en este momento pensar en el odio; resentimientos, heridas llenas de gusanos como en un cuento de Kafka, pero el odio puro tiene una denotación satánica que hace que la razón pierda su rumbo fijo, hace turbio el sentido común e invoca a múltiples fantasmas. Tengo el recuerdo de un sueño en donde asumia la forma de un infame asesino y mataba a todos los animales que se encontraban a mi lado, enloquecia, un furor desconocido dominaba mi acción.

ALEGRIA es como la hermana menor de los estados que se pretenden explorar. ¿Será tan ligera y superficial como piensa el común de la gente? Pero se equivoca de nuevo. La alegria se concentra en una copa de vino que calienta la desordenada conversación. Por lo tanto es una gota de sol que se fermenta y al entrar en contacto con el espíritu lo libera por algunos instantes. Me huele la alegria como el perfume del vino que queda en los labios de una mujer. Parece o muchos lo creen así que entre alegria y dinero existe una estrecha, sospechosa relación. Pero cuando sus olores se juntan me dan ganas de sacar la cabeza por la ventana y vomitar. Eso si, ayuda, ayuda mucho, sobre todo cuando se tiene el espíritu seco. No se si la risa sin control pueda resumir su figura, la risa que libera y detona tarde en la noche; creo sin embargo que no, la risa que hace doler el cuerpo, cuyo origen se encuentra en el absurdo [animal, por así decir].

AMOR huele a guayaba dulce recien caida del árbol, perdida entre el pasto temprano en la mañana, que se pudre  e inunda el aire con su humor. Los insectos se alborotan  y hacen una fiesta alrededor de la guayaba, ninguno es conciente de lo que se propone hacer. Estan borrachos desde el principio y sus pieles resultan suaves al tacto. Pierden el sentido de lo real. Son felices en consecuencia. Solo un palpito hace que se conozcan o pretendan hacerlo. Una sonrisa, un saludo. La orgia de las moscas humanas que exploran las posibles variantes del amor. Hasta que la sensación de absurdo domina el sentido y el hecho de entregar algo o todo queda convertido en algo inútil, para verguenza de la humanidad. Otros, demasiado racionales o temerosos para ser artistas verdaderos, vociferan orgullosos que han cerrado aquella puerta para siempre: esperan envejecer a salvo, los fantasmas bajo estricto control.

INTELIGENCIA huele a libro viejo, a polvillo suspenso en el aire de las bibliotecas que ya nedie visita. Huele a moho, a escamas humanas que se deprenden de la piel, que inunda el aire viciado de los estrechos recintos que habita. Ritualizado o no la inteligencia produce y es producida por el afán de conocer, pero al igual que el amor o el trabajo se prostituye con facilidad relativa. Se trata del dinero. Es cuando la exactitud y las matematicas se ponen al servicio de la maquinaria del mal, artefactos absurdos que se ubican estrategicamente en el centro de toda destrucción. Los cuerpos inertes se amontonan y los recuerdos se confunden con la vida real. Es así como los culpables se hacen heroes, las víctimas caminan de un lado al otro de la ciudad, sin un propósito claro. Entonces la inteligencia enrojece de pena y regresa a sus laboratorios o bibliotecas con poca cosa entre manos, el aliento de la muerte le sigue de cerca, se ríe.

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