abyección

Es necesario seguir escribiendo. Desmembrar la estructura del relato y resumirlo en unas cuantas frases. Piensa esa mañana cuanto le agradaria beber un cerveza y comer un buen pedazo de pan para empezar el día a salvo de sensaciones depresivas. Primero hay una imagen en la que K. penetra el territorio ruinoso de la construcción gótica que habita Alice. El pan negro. Importante. Pero no hay nadie allí, solo lo acompaña el siniestro arrullo de las palomas que infestan las salientes en los costados de la roca. Los ojos parecen inyectados de sangre. Adelante se encuentra el ataud. Debe estar allí, piensa. En efecto K. se acerca y abre la tapa. Allí se encuentra, desnudo y muerto. Observa su cuerpo aniquilado con cierta repugnancia, con fría atención.

Es la abyección que sugiere toda contemplación o fijación en el cadáver en su antesala con la cita con los gusanos; cuerpo de habitante ausente. La garganta envuelta en una venda. Revisa la herida y se encuentra con profundos destrozos, como si hubiese sido atacado por una especie de animal. La natural pestilancia de aquella horrible enfermedad hace que cierre de repente la tapa: las moscas avidas bailan sobre su cara con irritante sorna.

“Serás a partir de ahora mi enemigo”, Alice le recuerda que solo es la imagen de un sueño, de una película que se inventan los muertos al entrar en la oscuridad de la sala. Será su medium, tan solo eso, su objetivo es manifestarse en el mundo exterior. Será una Sombra y su espíritu no será libre. Estará atento a sus dudas.

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