Gillian Wearing: Broad street

Gillian Wearing [n. Birmingham, 1963 UK] suele utilizar la fotografía y el vídeo como elementos de amplificación. ¿Exactamente qué significa esto? No profundiza la reseña de Taschen a cargo de Sylvia Martin en este aspecto crucial, pero bien puedo yo deducir que en este caso estamos frente a la utilización de un dispositivo como caja de resonancia: en lugar de registrar pasivamente una realidad objetiva y externa, lo que pretende Wearing es desgarrar el disfraz, la máscara, la constante actuación o performance que protagonizamos todos nosotros en nuestra pequeña demencia cotidiana.

En el video Dancing in Penckham la artista baila de forma deshinbida en plena galeria comercial: los consumidores pasan por allí sin detenerse y seguramente piensan que la joven acaba de escapar de un sanatorio mental o algo así. En realidad lo que hace Gillian es reproducir o rememorar una experiencia personal cuando en el Royal Festival Hall de Londres vio a una linda muchacha aislarse completamente del entorno mientras bailaba frenética al ritmo de la música jazz.

He aquí una reseña del Guardian sobre la experiencia de la señorita: http://gu.com/p/xcz8b

El trabajo de Wearing explora elementos documentales, fictivos y performativos que se filtran a través de dispositivos específicos como son el vídeo y la fotografía. Experimenta con la banda sonora por ejemplo en 2 into 1 de 1997 cuando entrevista a una madre y sus dos hijos por separado y luego sobrepone las voces respectivas en las imágenes trucadas, obteniendo un efecto que personalmente me evoca cierta circunstancia diabólica.

Cuando tenga la oportunidad de reseñar a Monica Oeschsler y su trabajo Hight Anxieties trataré de profundizar en esta noción de lo diabólico en relación al trucaje de la banda sonora.

Por ahora dire que el trabajo de Gillian, Broad Street, 5 canales, dvd, 40 minutos de duración, se desprende a partir de una juiciosa y noctambula investigación que la autora realiza sobre el mundo frenético de los jóvenes alcohólicos en el UK de hoy en día. Como si nos propusieramos ir de juerga todos los fines de semana, pero cuidar de llevar con nosotros nuestras queridas maquinitas y registrar los efectos de las drogas sobre el comportamiento humano.

Broad Street se emparenta de manera cercana me parece con la estética del reality show con la pequeña diferencia que Gillian opta por la estrategia del guerrilla film y registra sin permisos y al parecer los personajes no se percatan del hecho que potencialmente se vuelven materia artística de la autora. En el más puro estilo documental Broad Street explora la irregular iluminación de los sitios de rumba o de las calles nocturnas de cualquier ciudad que se respete.

Gillian hubiese tenido bastante material de inspiración en una sociedad como la colombiana, cuyo alcoholismo severo es más que evidente. El alcohol que rompe la traba cotidiana y nos hace un poco más imbéciles, más desinhibidos y seguros al mismo tiempo, más atrevidos tambien e inconcientes de las consecuencias de nuestros actos hasta perder el control de nuestro pensamiento: entonces todo se hace pedazos.

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